De mudanza
Hacía meses que vivíamos en el número 10, pero no había tenido tiempo para aquella caja. Ya estaban en su sitio las
sartenes, las toallas, los cuadros, los mandos de la televisión, los imanes de la nevera. Aquella caja, en cambio, se me hacía más cuesta arriba: contenía papeles, libros rotos, cuadernos, mis diarios. Miré por la ventana, llovía. Parecía el día perfecto para decidirme a terminar. Cada vez que tropezaba con ella volvía la sensación de que no estaba en casa, no todavía, que faltaban o sobraban cosas; un profundo sentimiento de provisionalidad que me irritaba. Me senté, pues, en el suelo, junto a una bolsa de basura que engordó rapídamente: allá fueron facturas casi ilegibles, folletos publicitarios, algunos libros de texto que ya no servían, también viejos poemas que ahora me daban la risa. Ya casi terminaba cuando encontré unos folios arrugados, sucios, estuve a punto de tirarlos sin más, pero una frase me detuvo, no fue por lo que decía, imposible leer entre aquel amasijo de papel; fue que se me puso delante de los ojos y no quiso arrancarse de ahí, quizá se me enganchó a las pestañas la letra redonda de mi infancia, quizá el color del boli, no sé. Continue reading ›
posted by © belén alonso de santiago
Tags: cerezas confitadas, Niña, sueños
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